Despues de hablar un poco mas sobre el Comisario Salvidez, Emma se habia quedado en la ventana observando los autos pasar por la avenida. Se preguntó qué tipo de personas los conducirían y como eran sus familias. El dia estaba terminando y muchos volvian a casa. Se pregunto también si alguno de todos ellos, solo uno, sabía lo que estaba pasando a su alrededor. Sobre como podrian morir en cualquier momento por accidentes pactados. Se sentía sola y para colmo el compañero a su lado parecia de plástico: inerte y apartado de lo que ella veía a traves de las cortinas. Emma dio un último vistazo a las ventanas de los edificios de enfrente. Casi todos habían prendido sus luces de noche pero ellos estaban casi a oscuras en medio de esa habitacion sucia de hotel. Sintio envidia de que esas familias tuvieran un hogar al que volver, seguro y alejado de todo lo que pasaba allá afuera.
- ¿Cuanto más tengo que esperar? - le pregunto cansada a Dante - Tengo hambre.
Dante saco la vista del telégrafo y se recostó en la silla, más agotado que ella. Asi que por eso había estado tan callada el resto del día. No quería mirarla, eso exigiría una discusión aún más larga, para la cual no tenía fuerzas. Sabía que no se referia solo a la falta de comida, ella solo quería volver a casa. Estaban quedándose sin dinero y las provisiones no llegarian hasta dentro de dos dias. Hace horas estaba pegado al telégrafo, por si recibía alguna señal en código morse. No era culpa de ellos realmente. En una de las Sedes principales de la Elite habían sufrido un ataque interno y desde entonces la contingencia se habia activado en todos los continentes, imposibilitando cualquier movimiento durante cuarenta y ocho horas. Dante se las hubiera arreglado por su cuenta, como siempre que sucedía algo por el estilo, pero con Salvidez pisandole el cuello no podia arriesgarse a que terminara con una denuncia en la Comisaría. Y la verdad es que tampoco deseaba tener que esforzarse mas de la cuenta. Suficiente tenía con ser la niñera de esa mujer hasta que la enviaran a una mision de prueba. Se estaban tardando demasiado y ese dia ni siquiera habían comido. Lo único que les quedaba era café pero ella se lo había rechazado. Asi que siguió dandole la espalda y le dijo:
- ¿Para qué seguis preguntando, si no lo se? Gastas energia, ya te lo dije. Unos dias en el Manicomio, después a la Central Telefónica. Deberían liberarte después de eso.
La última frase sonó falsa hasta para sus oidos. Llena de duda, porque el único pensamiento que se implantó en el cerebro de Dante fue que iban a hacer volar la Central Telefónica junto con ella. No quería responderle porque no sabía como llegarían hasta ese momento. Dante habia considerado pedir más proteccion para Emma, pero eso no seria suficiente si al final optaban por eliminarla. Además, le molestaba que le importara. Después de todo, habia sido una mision opcional. Ya estaba anocheciendo y noto que casi no habia luz en el lugar. Era deprimente y eso no ayudaba. Asi que se levantó a prender el velador. Apenas lo hizo, escuchó el portazo de su habitacion. Fue hasta la puerta pero Emma se le adelantó y puso llave. Dante chasqueo la lengua y se fue a prender nuevamente el telégrafo.
Dentro de la habitación, ella ya se estaba acostada y su cabeza metida abajo de las sábanas. Tenía frio. Recordó que Dante guardaba una pequeña linterna dentro de su mesa de luz y la buscó a tientas, sin destaparse. Después, buscó en el bolsillo de su bata y saco un pequeño papel doblado. Cuando lo puso a contraluz de la linterna, apareció un pequeño mapa hecho a mano. Aquel hombre de aspecto grotesco se lo habia dado, una tarde que ella habia ido al mercado. Le habia dicho que lo usara en caso de emergencia. Solo en el momento en donde hubiera agotado todas las posibilidades de poder volver a su época. Cuando Emma le preguntó por qué la ayudaba, el le habia respondido que habia más como ella. Que estaba de su lado, pero le advirtió que dejara de presionar a Dante. Que incluso lo ponia en peligro cada vez que le insistia con volver a su epoca. La Elite los vigilaba, escuchando y viendo todos sus movimientos. Emma apagó la linterna y se puso de costado. Estaba tan cansada que sintio el peso del mundo aplastandole lentamente su espalda. Sus huesos rotos en el vagon del subte le habian dolido menos. A los pocos segundos, se quedo dormida, mientras una lagrima caia por su mejilla y se desviaba hasta la punta de su nariz.
Al dia siguiente, los rayos del amanecer despertaron a Dante. Sobresaltado, dirigió su vista hacia la ventana, preparado para que Emma lo atacara apenas le diese los buenos dias. Pero ella no estaba sentada en el alfeizar. El se habia quedado entre medio de dos sillas y el cuello le dolia debido a la mala posicion. Se lo trono y aprovecho para observar la habitación: la puerta estaba abierta. Apago el telegrafo y fue hasta la cocina, por si ella estaba preparando café. No esperaba ese gesto, pero por si acaso prefirió cerciorarse. Nada. Dio unos golpecitos en la puerta cerrada del baño y no obtuvo respuesta. La abrio y cerro los ojos por si estaba en la bañera. Nada. Despues fue a la habitación y vio que la cama estaba deshecha y vacía. El piyama que habia usado la noche anterior estaba sobre la almohada y tuvo que resistirse a tocarlo. Con las manos en los bolsillos, se quedó un rato observando por la ventana. Debajo, en la calle de enfrente, un auto estaba estacionado. Dos agentes de la Elite bajaron e, intentando no correr, cruzaron la calle, metiéndose directamente al Hotel. Dante tuvo un mal presentimiento y corrió hasta el armario. Los vestidos de Emma seguían ahí. Por el contrario, el sector de él estaba desordenado: una de sus camisas estaba en el piso y faltaba uno de sus pantalones. Recordó la ropa que le había dado cuando subio amnésica la escalera de servicio: esas prendas eran precisamente las que faltaban, las de él. Emma estaba intentando volver a su lugar seguro. Descalzo, Dante miró sus pies sobre el piso y, cuando sintió nauseas, piso dos veces con el pie derecho. Él seguía ahi, en ese hotel. Sin moverse, se estiro hasta la puerta y sacó la traba de la llave. Cuando la abrió, los dos agentes ya estaban allí.
- ¿Dónde? - les pregunto de manera cortante, sin dejar de observar sus pies.
A Emma le dolían los pies. Aquel hombre le había aconsejado que fuera a pie, ya que la Elite captaba mucho mas rápido las coordenadas de los agentes cuando estos se movían rapidamente. Por ende, ir en micro o cualquier otro vehiculo le hubiera supuesto poner en alerta a Dante. Solo esperaba que le diera tiempo a irse. Ademas, el micro no era una opcion tan deseable despues de todo. El mapa marcaba un limite arbolado justo en el límite del pueblo que conectaba con otra ciudad, al que ningún transporte entraba. Ahora entendia porque su compañero no la dejaba ir mas alla de un par de kilómetros. Entonces sí existían otros como ella. Esa idea le había torturado la mente durante los últimos dias, sin permitirle pensar en otra cosa. Se había aguantado de preguntarle directamente a Dante sobre ese lugar y habia cargado con ese pequeño mapa encima hasta para bañarse, con tal de que el no lo encontrara. Trataba de mostrarse serena y seguirle el juego, para que tampoco notara su cambio de ánimo repentino.
Hasta el día anterior, en dónde saber lo del Comisario Salvidez la había alterado. Ya no era solo la cuestion de querer volver a su tiempo o a su ciudad, ya que no terminaba de creer del todo esa historia. Sino que se había dado cuenta de que se encontraba en peligro real y, por la forma en que se la comida ya faltaba, aparentemente Dante no podía manejar del todo la situación. Aunque eso le habian hecho creer.
Los edificios habían ido desapareciendo de las calles y unas casas aparecían en su lugar. Pero a medida que Emma caminaba un poco mas, notaba que el espacio entre ellas era cada vez mas grande. Finalmente, a lo lejos vio unos pinos tan altos como el cielo. Estaban uno junto al otro, como si se resguardaran entre ellos del resto de la ciudad. El aroma llegaba a sus fosas nasales, libre de todo el smog detrás y el viento acariciaba dulcemente su piel. Extrañó los dias en que comenzaba la primavera, a veces entre lluvias y sintió ganas de llorar. Despues de detenerse para descansar un momento, Emma tomo aire por la nariz y retomó el paso hacia el bosque.
Dante se metió al auto y cerró de un golpe. Uno de los agentes se metió por la ventanilla e intentó gritarle que se bajara de su auto, pero el le agarro la cara con su mano abierta y le sacó la cabeza de un empujon. El otro agente lo apartó para que no arremetiera contra Dante, a sabiendas de lo que pasaría luego. Cuando arrancó, vio por el espejo retrovisor como ellos se alejaban cada vez mas. Desde que su mentor, el Viejo, habia muerto, las aguas se habian calmado y ya no lo odiaban tanto como antes. La compasión humana era una carta fácil de jugar. Asi que no le gustaba ganarse enemigos nuevos. Sin embargo, sabian que el tenia un telégrafo en la habitación, asi que podrían volver y dar aviso para que los fueran a buscar. O caminar, si lo preferian, tal como seguramente lo habia hecho Emma. Estupida ¿Por qué no se lo había dicho? ¿Y en qué momento lo supo? Stefano tenia orden de seguirla hasta cuando iba al mercado asi que no podría habersele escapado. Si alguien se le hubiera acercado, su aprendiz se lo hubiera comunicado inmediatamente. Incluso intervenido, si la ocasión lo merecía. Dante le habia indicado que, de encontrarse en peligro real, podía mostrarse ante Emma. Los altibajos de ella no eran lo unico que le preocupaba. Apretó el acelerador y un camion se le vino encima, pero el lo esquivo a tiempo. Un policia hizo sonar su silbato pero él nisiquiera lo miró, no tenia tiempo para eso.
Apretó los dientes y deseó que los semáforos jugaran a su favor hasta llegar al límite de ciudad. Segun lo que sus compañeros le habían informado, Emma ya estaba a dos kilometros de esa linea. Entendió que su ansiedad la haria correr por momentos pero todo el camino recorrido seguramente la había cansado más de la cuenta y eso le dio un poco de esperanza. Dante se imaginó a si mismo volviendo a la linea temporal en donde había decidido postularse para la mision opcional de esa mujer. Y lo haría, de no ser porque cruzarse con su propio doppleganger generaria que el tiempo se desgarre, desgarrandole a él su cuerpo. Convirtiendolo en polvo de estrellas. Exactamente lo que le pasaría a Emma si ponía un solo pie dentro de ese bosque. Frustrado, golpeó varias veces el volante y dobló en una de las esquinas.
Emma estaba cada vez más cerca del limite y el aroma de los pinos ya habia aniquilado por completo al de la ciudad, instandola a nisiquiera volver a mirar hacia atrás. Era necesario seguir adelante pero, cuando dudó y pensó en detenerse, unas personas con armas colgadas en la espalda aparecieron al frente. Notó que algunas mujeres y hombres mantenian el resguardo, ocultándose detras de los arboles. No vestían de epoca, con vestidos o jeans arremangados. De hecho, su estilo pertenecia a ninguna época, no por lo menos que Emma hubiera conocido. Se preguntó hace cuanto habrían llegado ellos y hace cuanto tiempo mantenían ese lugar en pie. O cuanto tiempo más existiría. Los del frente mantenian su sonrisa complice a medida que ella se acercaba cansada pero los demás la miraban con recelo. Parecía ser que no todos estaban de acuerdo con que Emma llegara. Reconocía esa mirada en ella misma, cuando las personas le tocaban timbre en su casa sin avisarle que irían con anticipacion. La ansiedad la carcomió por dentro, como si no hubiera sido invitada.
Y entonces escuchó los frenos de un auto. Se giró y vio que el auto, que no reconocia, intentaba clavarlos debido a la velocidad a la que venia. Emma creyó que iba a pasarle por encima y se quedó paralizada. Entonces, los gritos empezaron y vio como rapidamente se dispersaban entre los arboles, no solamente las personas ocultas, sino que aquellas que le sonreian tambien habian dado un paso hacia atras. La mitad de ellos se desarmaron, tirando los rifles al piso. Solo un hombre dio un paso hacia adelante, sin siquiera inmutarse, como si esperara esa situación. Era el extraño del supermercado, solo que ahora no vestia con traje ni sombrero. Le tendio la mano a Emma y ella se acercó un poco más, sin saber qué hacer. Y luego, escuchó el grito de Dante a sus espaldas.
Dante venia calculando la distancia a la que Emma se encontraba del perímetro principal del bosque. Pero no podia terminar de decidir si acelerar y arriesgarse a atropellarla o frenar relativamente cerca. Tampoco parecía haberse dado cuenta que era él quien conducía. Finalmente decidio clavar los frenos y, para no impactarla de lleno, giro apenas el volante, golpeandose el hombro contra la ventanilla. Cuando bajo, corrio hacia ella y cuando grito su nombre, por fin se detuvo. Emma se giró y lo miró avergonzada. Cuando llegó junto a ella, no la miro a pesar de que ella intentaba hablarle mientras lo seguía. Cuando vio la mano extendida del único exiliado que se habia arriesgado a exponerse, este le dedico una sonrisa tranquila. Estando ya a pocos metros de distancia y sin mediar palabra, Dante saco su arma. Cuando Emma lo agarró del brazo, el se soltó asi que ella intento llegar hasta el hombre. Justo antes de que entrara entre los árboles, Dante le disparó en la cabeza al exiliado y la sangre salpico de lleno en la cara de Emma. A lo lejos, dentro de una de las cuevas improvisadas y sin que nadie lo viera, Stefano afilaba su cuchillo mientras estiraba la oreja hacia los gritos y corridas del grupo.
Inmediatamente despues de eso, Dante la obligó a entrar en el auto, agradeciendose a si mismo por estacionar tan cerca. Cerró la puerta de ella, justo a tiempo para escuchar los gritos de las personas que habian salido furiosas de donde estaban escondidos. Dante se rio un poco, sin entender por qué se habrían ido en primer lugar. El Viejo le habia hablado de ese bosque, pero solo sabian que era una anomalía causada por un desgarro temporal. No era ni pasado ni futuro. La unica posibilidad era que fuera el presente, motivo por el cual no podia ser borrado ni bombardeado. Muchos de los que se volvían locos y evitaban ser capturados, intentaban viajar a ese punto, corriendo el riesgo de morir apenas cruzaran la linea de la ciudad. La alternativa era que los sacrificaran o una internación de por vida en el Manicomio St Jeaurez. Pero Dante sabia que eso era solo una fachada, ahi solo llegaban los traidores. Fin de la discusión.
Apenas prendió el motor, los disparos no tardaron en llegar. Cuando dio la vuelta, uno impactó de lleno en el farol izquierdo. Las rafagas de algunas metralletas pegaban contra el asfalto, sin éxito. Igualmente, Dante tomo la nuca de Emma y la agacho hasta las piernas de ella, para que se cubriera a si misma. Siguieron asi por unos momentos hasta que diviso a las camionetas negras de los agentes llegar. Posiblemente, la contingencia había sido declarada horas antes, pero Dante estaba mas cerca del bosque que ellos. Ni siquiera sabía de donde los habían enviado, ya que la ubicación de la Sede en ese tiempo la habían cambiado hace relativamente poco. Ademas, el tampoco estaba interesado en volver a menos que se lo exigieran. Supuso que, después de eso, no faltaba mucho para que sucediera. Cuando estuvieron a salvo, soltó la nuca de Emma y puso ambas manos en el volante.
- Esos que viste, el que te sonrió como si nada pasara, era un exiliado. E iban a matarte apenas le dieras la mano. Estan entre este mundo y el otro. No terminan por entenderlo, asi que no se deciden a quien dedicarle su eternidad. Y se encierran entre esos árboles, pensando que son dueños de sí mismos. Nunca habían intentado intervenir antes, sabían que...
- ¿Que? - le pregunto Emma, cuando el no terminó la oracion.
- Si, sabian que apenas entraras ahí, la Elite te convertiría en polvo de estrellas. Quisieron sacarte de la ecuación. Pero no se quién.
La mujer se quedo paralizada, aguantando en su mente las palabras recien escuchadas. Despues observó el arma en la cintura de Dante. Repasó en su mente todo lo ocurrido, como si una maquina de fax estuviera pasando las hojas que le ponían. Desde el encuentro en el supermercado con el hombre muerto hasta los días en los que habia pensado escaparse, tratando de elegir el mas oportuno para hacerlo.
- ¿Quién? Tu Elite - le reprochó Emma, agitada.
- Ellos fueron quienes dieron el aviso - la corrigió Dante - Y suerte que tuviste. No, es alguien de adentro. Esto fue planeado.
Emma prefirio no responder, todavía sentía la sangre ajena que comenzaba a secarse contra su piel, lastimandola cada vez que hacía un gesto involuntario. Pero no quería ni tocarse. Mucho menos verse en el espejo retrovisor. Como si adivinara sus pensamientos, Dante lo cerró y frenó en la siguiente cuadra, estacionandose en un callejon. Después, sacó un pañuelo de su bolsillo, lo mojó con un poco de su saliva y le dijo:
- ¿Y sabés qué es lo peor de todo? Que contaban con que no fueras a decirmelo.
Intento limpiarle la cara, raspandola por momentos o escupiendo un poco mas. Emma se quejó e intentó sacarle el pañuelo de la mano, para limpiarse ella misma. Pero Dante no se lo permitió y terminó el trabajo. El resultado fue atroz: parecía que ella habia estado jugando con acuarelas rojas. Lo único que no hacia juego eran sus ojos que, sin pestañear, estaban inyectados en sangre por el susto.
- ¿Ahora ves la falla, cierto? - le pregunto él, dandole un beso en la frente.
Fin del capítulo